[:en]Children and Gunshots[:es]Niños y Balazos[:]

[:en]Children and Gunshots[:es]Niños y Balazos[:]

[:en]“Señor, ¿me puede abrir esto?”

A little girl approached me, she must have been about six years old. Normally, I wouldn’t be able to tell the difference in children’s ages, but after being around children every morning and evening, I was able to say her age with certainty.

“Señor, ¿me ayuda?”

She lifted a sippy cup up to me as high as she could, and looked me in the eye, right there, at a mall in Lima, Peru, the most unlikely of places, as I waited to try a restaurant’s attempt at teriyaki chicken.

For the past five months, I have been in Cusco, Peru. I was volunteering at a school for the children of the city, from ages of 5 to 15. Saying goodbye to them was difficult, but what made it even harder was that my trip had not been exactly what I was expecting.

I was looking out the window of my bus, stopped on the corner. Two men were talking to two other men on a motorcycle. Ladies selling food next to them on the sidewalk. I looked away for a second, when I heard a two gunshots.

Then another three. And six more.

Time stopped as one of them hit the ground, and the other tried to run.

The motorcycle sped up and turned the corner, directly across from me. Took out the gun, and fired again.

The other man hit the ground.

People were screaming and running, one of the ladies from the food carts was hiding behind her cart, still in shock.

I thought of his family, he was likely a father, as he was lying there, lifeless, with his arm over his head, and bright red oozing out of his rib area. The other man stood up, and went toward the body. He was confused.

Walking out of the bus felt odd after that. Everything that you hear on television about violence in South America, you try to think that the media is exaggerating. You try very hard to think that people are genuinely good and that there’s nothing to be afraid about. But then, you see what it is really like.

I saw kids selling handcrafted gloves and hats out on the street at three in the morning.

Kids with torn shoes. A boy sleeping in a cardboard box.

Men sleeping next to a dogs out on the street.

And now, a man die.

In a place where people come to spend thousands of dollars to stay in nice places, try good food, and see one of the wonders of the world, we see this kind of poverty —because violence absolutely has to stem from some type of poverty, emotional poverty, perhaps. What else could lead a person to kill another? Money can’t solve that. And can money solve alcoholism or drug abuse?

I think we have this all wrong.

My thoughts were hopeful once I sat down to have dinner by myself, when I was interrupted by a drunk man grabbing my shoulder saying “buen provecho!”

A man with no legs arrived in a wheelchair asking for money.

I stood up to grab money from my pack when the waitress ran toward me, thinking I would run off without paying.

Are we all just scared? What has gone wrong here?

That night, those thoughts were the ones that drove me to sleep. i thought of the dead man, the cab driver who tried to charge me three times as much for being a foreigner, the dead man’s family, the scared lady behind her food cart. I thought of the kids from my school. Their letters, songs, hugs, and kisses.

I thought that perhaps leaving them was a mistake.

But there I was, looking at the pink cup that this little girl was holding up to me. Her hopeful smile, knowing that I would be able to open the lid much easier, as if it were some superpower that only adults could do. I saw those kids again right then and there, the reassuring smiles that tell you that you can do anything, because they believe that you can. Unafraid to believe, to wish for what we now consider impossible, but didn’t back then.

Let us not ruin that for them. They deserve to grow up in a better world.

“Si, vamos a ver,” I told her, as I pretended to struggle to open it.

Her face lit up, and she laughed. I saw her laughing, and decided to make funny faces.

She laughed even more.

“Aquí tienes.”

“!Gracias, señor!” She told me, as she ran back to her little sister.

I smiled so easily that time. I thought about that happy scene for hours. No matter where we are, or where we are going, if we’re feeling lost or overwhelemed, we always have a purpose.

Little ones count too.

News article on shooting event (Spanish): http://diariocorreo.pe/edicion/ica/sicarios-asesinan-de-once-balazos-a-una-persona-en-el-ovalo-de-nasca-626215/[:es]“Señor, ¿me puede abrir esto?”

Una niña se me acercó, debería de tener unos seis años. Normalmente, yo no puedo identificar las edades de los niños, pero después de haber estado todas las mañanas y en las tardes con pequeñitos, pude adivinar su edad con certeza.

“Señor, ¿me ayuda?”

Levanto su vasito lo mas alto que podia, y me miro a los ojos, ahi, en un centro comercial en Lima, Peru, en el lugar mas inesperado, mientras yo esperaba a probar el pollo teriyaki de un restaurante.

Por estos últimos cinco meses, he estado en Cusco, Peru. Hacia un voluntariado en una escuela con los niños de la ciudad, de cinco a los quince años. Decirles adiós a ellos fue difícil, pero lo que lo empeoró fue que este viaje no iba yendo como yo lo esperaba.

Estaba mirando afuera de mi ventana, el bus parado en la esquina. Dos hombres hablaban con otros dos hombres en una motocicleta. Señoras vendían comida al lado de ellos en la banqueta. Mire en otra dirección por un segundo cuando escuche dos balazos.

Luego otros tres. Y seis mas.

El tiempo se paro cuando uno de ellos cayó, y el otro intentó correr.

La motocicleta aceleró y volteó en la esquina, directamente en frente de mi. Sacó la pistola otra vez, y disparó.

El otro hombre pegó contra el suelo.

La gente gritaba y corría, y una de las mujeres de los carritos de comida se escondía tras su puesto, todavía en shock.

Pensé en su familia, probablemente era ya un padre, mientras su cuerpo ya sin vida estaba tirado en el suelo, con un brazo sobre su cabeza, y lo rojo brillante saliendo de el lado de sus costillas. El otro hombre se paró y fue hacia el cuerpo. Parecía confundido.

Caminando fuera del bus se sintió raro después de eso. Todo lo que uno escucha en la televisión acerca de la violencia en Sudamérica, intentas pensar que las noticias exageran. Intentas bien fuerte pensar que las personas son buenas por naturaleza y que no le debes temer a nada. Pero después ves como es en realidad.

En este viaje, vi niños vendiendo guantes y sombreros hechos a mano en la calle a las tres de la mañana.

Niños con huecos en los zapatos. Un niño durmiendo en una caja de cartón.

Hombres durmiendo al lado de perros en la calle.

Y ahora, un hombre ser asesinado.

En un lugar donde las personas vienen a gastarse miles de dolares para quedarse en bonitos lugares, probar buena comida, y ver unas de las maravillas del mundo, vemos este tipo de pobreza — porque la violencia debe de ser considerada un tipo de pobreza, pobreza emocional, a lo mejor. ¿Que otra cosa puede llevar a una persona a matar a otra? El dinero no lo puede solucionar. Ademas, ¿el dinero puede solucionar el alcoholismo o el abuso a las drogas?

Estamos equivocados.

Mis pensamientos cambiaron, y empezé a sentir un poco de esperanza una vez que me había sentado a cenar solo, cuando me interrumpió un borracho tocándome el hombro y diciéndome “¡buen provecho!”

Un hombre sin piernas se acerco a pedir dinero.

Me paré a sacar dinero de mi mochila cuando una mesera corrió hacia mi pensando que me iba a ir sin pagar.

Tenemos miedo todos, ¿cómo comenzó todo esto?

Esa noche, esos pensamientos fueron los que me adormecieron. Pensé en el hombre muerto, en el taxista que me quizo cobrar tres veces mas por ser extranjero, la familia del hombre muerto, la mujer asustada detrás de su carrito. Pensé en los niños de mi escuela. Sus cartas, sus canciones, sus abrazos y besos.

Pensaba que haber decidido alejarme de ellos fue una equivocación.

Pero estaba ahí parado, mirando este vasito rosado que la niña acercaba a mi cara. Su sonrisa que me decía que yo podía abrir esa tapadera mas fácilmente, como si fuera un super poder que solamente los adultos podían hacer. Me imaginé a esos niños ahí mismo, las sonrisas aseguradoras que te dicen que tu puedes hacer todo, por que ellos lo creen. Sin miedo a creer, a desear por eso que ahora consideramos imposible, algo que no hacíamos antes.

A que no arruinar esto para ellos. Se merecen un mundo mejor.

“Si, vamos a ver,” le dije, mientras fingía que se me hacia difícil abrirlo.

Su carita se alegró, y rió. La vi riendo, y decidí hacer caras chistosas.

Se rió aún mas.

“Aquí tienes.”

“¡Gracias, señor!” Me dijo, mientras corría hacia su hermanita.

Sonreí fácilmente esa vez. Pensé en esa escena feliz por horas.

No importa donde estamos, o adonde vamos, si estamos tristes o perdidos, siempre tendremos un propósito.

Los propósitos pequeños cuentan también.

Noticias sobre el evento en Nasca, Perú esa tarde: http://diariocorreo.pe/edicion/ica/sicarios-asesinan-de-once-balazos-a-una-persona-en-el-ovalo-de-nasca-626215/[:]